En una casa privada, a un invitado VIP no lo define la fama. Es cualquier invitado cuya visita trae a otras personas consigo. Un secretario particular que quiere un horario. Un escolta que pide ver la puerta de atrás antes que el salón. Conductores que necesitan dónde esperar, y dónde comer, durante seis horas. A veces, un perro. Nuestro protocolo para invitados VIP empieza en el momento en que se fija la fecha y termina dos días después de que se haya ido el coche, cuando está escrito el informe. Lo que sigue es cómo recibir a un invitado VIP tal como lo hacemos nosotros, paso a paso, ya se trate de un ministro, del responsable de un family office, de un obispo o de un miembro de una casa real que pasa una noche o dos en una casa de Italia o de Suiza. Cambia de una casa a otra. El orden de las cosas, no.
En resumen
- El fin de semana de un invitado con escolta necesita unas seis semanas de preparación; una cena en la que nadie se queda a dormir, unas tres.
- Una sola persona de la casa habla con una sola persona de la secretaría del invitado, y cada respuesta queda por escrito.
- Todo el equipo se reúne 48 horas antes de la llegada, y otra vez quince minutos esa misma mañana: nada de fotografías, y ni una palabra de la visita a nadie.
- La dieta, la salud y la religión que constan en la ficha del invitado son datos sensibles: pregunte solo lo que la visita necesita, pase la dieta únicamente a la cocina y borre el resto después del informe.
- En los dos días siguientes a la salida, un informe de dos páginas para el anfitrión hace que la próxima visita sea más fácil que la primera.
El protocolo para invitados VIP, de la fecha a la despedida
Cuando el coche enfila el camino de entrada, casi todo el trabajo ya está hecho. Ese es todo el truco, si es que hay alguno: una visita que un sábado parece no costar nada empezó un martes, seis semanas antes. La tabla de abajo es el esqueleto sobre el que montamos cada visita. Un fin de semana con un invitado que viaja con escolta pide unas seis semanas; una cena en la que nadie se queda a dormir se puede preparar en tres, aunque preferimos tener cuatro.
| Cuándo | Qué se hace | Quién |
|---|---|---|
| Seis semanas antes | Fecha y duración de la estancia confirmadas por escrito. Una persona de contacto designada por cada parte. Se abre la ficha del invitado. | Anfitrión, secretaría del invitado, house manager |
| Cuatro semanas | Preguntas enviadas a la secretaría: tratamiento, comitiva, coches, hora de llegada, dieta, necesidades médicas, práctica religiosa, seguridad. Personal de refuerzo y proveedores reservados, sin dar el nombre del invitado. | House manager |
| Tres semanas | Visita previa del equipo del invitado. Habitación asignada, recorrido acordado, sitio para los coches y sala de descanso para conductores y escoltas. | House manager, estate manager, jefe de seguridad del invitado |
| Diez días | Menús redactados a partir de las respuestas sobre la dieta. Plano de mesa y marcasitios. Acuerdos de confidencialidad firmados por quien sea nuevo. | Chef, mayordomo, house manager |
| 48 horas | Reunión con todo el equipo. Habitaciones preparadas y revisadas. Ensayo de la llegada a la hora real del día. | Todo el equipo |
| Día de la llegada | Reunión de quince minutos por la mañana. Llegada. Programa de la visita en la habitación del invitado. | Todo el equipo |
| Salida | Equipaje abajo con tiempo, repaso de la habitación con el asistente del invitado, coches revisados, agradecimientos. | Ama de llaves, conductor, anfitrión |
| En las 48 horas siguientes | Informe posterior a la visita redactado, ficha del invitado actualizada, datos innecesarios borrados. | House manager |
Dos costumbres sostienen el calendario. Una sola persona de la casa habla con una sola persona de la secretaría del invitado, y todos los demás pasan por ellas. Y cada respuesta queda por escrito, porque una preferencia oída por teléfono cuando faltan cuatro semanas habrá cambiado de forma cuando falte una. El invitado que «no bebe» a lo mejor solo bebe champán, y la cocina tiene que saber cuál de las dos cosas es.
Las preguntas que enviamos a la secretaría del invitado
Una secretaría que atiende a una persona pública ha contestado las mismas preguntas cien veces, y lo que le molesta es recibirlas con cuentagotas a lo largo de un mes. Así que enviamos una sola lista, cuatro semanas antes, y pedimos que nos la devuelvan en un plazo de quince días. Lo primero es el nombre: cómo hay que dirigirse al invitado, de palabra y en un sobre, y cómo se pronuncia de verdad el apellido (para las formas en sí, véase nuestra guía de tratamientos protocolarios). Después, quién lo acompaña, porque nunca viene solo: un cónyuge, un asistente, escoltas, un conductor y cualquier otra persona que vaya a necesitar una cama o un plato. Luego, cómo viajan. Qué vuelo, qué coche, a qué hora calculan sinceramente que llegarán (no la del itinerario) y quién recoge a quién en el aeropuerto o en la estación. «Ya habrá alguien» no es un plan, es rezar.
Y entonces llegan las tres preguntas incómodas. Da reparo hacerlas, y son justo las que deciden si el fin de semana sale bien. La dieta, con las alergias y su gravedad, las intolerancias, lo que sencillamente no le gusta, las normas religiosas y cualquier ayuno. Todo lo médico que nos conviene saber: una rodilla que no se lleva bien con las escaleras, un medicamento que tiene que conservarse en frío, el teléfono de un médico que hable su idioma. Y la práctica religiosa, que sale más a menudo de lo que se piensa. Los horarios de oración. Una habitación tranquila. Si hay cerca algún oficio religioso al que le gustaría ir el domingo. Después vienen los pequeños detalles que hacen que un invitado se sienta conocido: la temperatura de la habitación, las almohadas, qué periódicos lee, a qué hora desayuna, si nada; cómo se convierte todo eso en una habitación lo explicamos en cómo preparar la habitación de invitados. Y por último, lo que es privado. A unos pocos invitados no les importa que el pueblo sepa que vienen. A la mayoría sí, y la secretaría le dirá en qué grupo está el suyo.
El anfitrión recibe la misma lista con una pregunta más: quién más viene, y si el invitado lo conoce. Con un miembro del Consejo Federal suizo, pase por su secretaría desde el primer momento. Hasta el cuerpo diplomático, según el reglamento de protocolo de la Confederación de 2026, envía a través de Protocolo sus invitaciones a un almuerzo o una cena en honor de un consejero, y una casa privada no tiene ningún motivo para ser más atrevida que una embajada.
De la Academy
Recibir en casa a un embajador, una ministra o un cardenal, de modo que el invitado se fije en la casa y no en la organización.
Ver la guía: The Protocol BookLa visita previa
Cuando un invitado viaja con escolta, su equipo querrá ver la casa antes que él; en protocolo se suele hablar de la avanzada. A veces viene solo el jefe de seguridad; otras, el jefe de seguridad con el secretario particular. Dedíqueles una mañana, y póngales al lado a la persona que mejor conoce la casa, que no siempre es la que ese día está libre. El jardinero que lleva once años abriendo la verja cada mañana sabe más del camino de atrás que el house manager que llegó en marzo.
Lo que quieren ver es bastante previsible cuando ya se ha hecho un par de veces. El recorrido del coche a la puerta principal, y de la puerta al dormitorio, hecho a paso normal. Todas las entradas y salidas de la casa. Las ventanas de la habitación del invitado y adónde dan. Dónde está el hospital más cercano con servicio de urgencias, y cuánto se tarda de verdad en llegar un viernes por la tarde, que nunca es lo que dice el mapa. Después, las preguntas se vuelven domésticas. ¿Dónde se sentarán a comer los escoltas? ¿Dónde esperan los coches? ¿Quién está exactamente de servicio ese fin de semana, y hay alguien nuevo? Responda con claridad. Entregar una lista del personal con nombres y funciones es razonable. Las fechas de nacimiento y los números de pasaporte ya son otra cosa: solo los damos con el consentimiento de cada persona, para esa visita y con ese fin, y así se lo decimos al escolta, que no se sorprenderá.
Hay un detalle en el que somos tozudos. El recorrido se hace a la hora a la que llegará de verdad el invitado, aunque a todos les viniera mejor hacerlo a las once de la mañana. Una terraza preciosa a las diez de la mañana mira de frente al sol bajo de las siete de la tarde, y el invitado se pasa los diez primeros minutos entornando los ojos para ver al anfitrión.
Llegada y salida
Los cinco primeros minutos marcan el tono de todo lo demás. El anfitrión debe estar en la puerta, y punto. Si de verdad no puede, está el house manager, que lo dice en la primera frase y no en la tercera: «Bienvenido, Excelencia. La señora Bianchi vuelve de Milán y me ha pedido que me ocupe de usted hasta que llegue».
Unas cuantas cosas se deciden de antemano, porque no se pueden improvisar junto a la puerta del coche. Para empezar, quién la abre: si hay escolta, la abre el escolta, y el personal se queda atrás hasta que le indiquen que se acerque. Las maletas entran por la puerta de servicio y suben directamente a la habitación, y solo se deshacen si la secretaría lo ha pedido; hay invitados que preferirían morir antes que dejar que un desconocido les doblara las camisas. Nadie se queda rondando por el camino de entrada: ni un jardinero que se para a mirar, ni un teléfono levantado detrás de una cortina, y quien no hace falta para la llegada se queda fuera de la vista. Hay una bandeja preparada con agua y algo frío sin alcohol, y también vino si el anfitrión quiere, aunque en nuestra experiencia casi todos los invitados, después del viaje en coche, solo quieren el agua. Y en la habitación, sobre el escritorio, una tarjeta con los horarios de la visita, los nombres de quienes se ocupan de él y un número de teléfono que suena en la casa, no en una oficina de otra ciudad.
Con un invitado de la realeza británica, el saludo lo resuelven las indicaciones de la propia Casa Real: «Your Royal Highness» (Alteza Real) la primera vez, después «Sir» o «Ma’am», con una inclinación de cabeza o una pequeña reverencia si se desea. La Casa Real deja claro que nada de eso es obligatorio. Aun así, en las instrucciones al personal ponemos las formas tradicionales, porque un ama de llaves prefiere conocerlas y no necesitarlas.
Las salidas se tuercen más a menudo que las llegadas, porque para entonces todo el mundo se ha relajado. Bajamos el equipaje media hora antes. La habitación se repasa con el asistente del invitado antes de que salga el coche, no después, y los sospechosos habituales son siempre los mismos: los cargadores, las gafas de leer, el reloj junto al lavabo, el libro de la mesita de noche. Alguien comprueba que los conductores han comido. El anfitrión acompaña al invitado hasta el coche. El personal no forma en fila en el camino de entrada salvo que se trate de una visita de Estado, y en una casa privada casi nunca lo es.
La reunión con el personal
Cuarenta y ocho horas antes de la llegada, todo el equipo se sienta media hora. Todos, y decimos todos: también quienes solo trabajarán en la cena y los camareros de refuerzo de la agencia, que son precisamente los más propensos a sacar el teléfono. La misma mañana de la llegada hay una segunda reunión, más corta: quince minutos, de pie en la cocina y con un café, sobre todo para confirmar que nada ha cambiado durante la noche. Casi siempre ha cambiado algo.
De esa primera reunión todos salen con la ficha del invitado en la mano. Es una página, ni una más: el nombre y cómo se pronuncia, cómo dirigirse a él, quién lo acompaña, qué habitación ocupa, la dieta en palabras sencillas, los horarios. Luego decimos las reglas en voz alta, sí, también a quienes podrían recitarlas dormidos. Nada de fotografías ese fin de semana, ni del invitado ni de los coches, la mesa o la casa, y durante el servicio los teléfonos se quedan en la sala del personal. Nada de autógrafos ni de selfis, y ni una palabra de la visita a nadie, ni durante ni después, familia incluida. Al invitado se le habla cuando él se dirige a uno, y la conversación no sale del servicio, con una excepción que nos gusta: si un invitado quiere hablar del jardín, el jardinero puede hablar del jardín todo el tiempo que el invitado quiera. Si alguien de fuera pregunta por la visita, por teléfono, en la verja o tomando un café en el bar del pueblo, hay exactamente una respuesta: lo siento, no puedo ayudarle, pero con mucho gusto le paso su número al house manager. Algo saldrá mal en algún momento (siempre pasa); cuando ocurra, el primero en saberlo, y en voz baja, será el house manager, y nadie intentará taparlo. Una copa rota no es nada. Una copa rota escondida debajo de un aparador es un problema.
Después, cada tarea recibe un nombre. Quién sirve al invitado en la mesa, quién atiende a los escoltas y a los conductores, quién abre la puerta, quién se queda junto al teléfono. Los escoltas, en particular, comen a horas raras y pueden querer una comida caliente a medianoche, y alguien tiene que hacerse cargo de eso, o acabarán en la cocina a la una de la madrugada preparándose sus propios sándwiches.
Discreción y seguridad
La discreción tiene mucho más de logística que de misterio. Los proveedores reciben una fecha, un número de cubiertos y una hora de entrega, nunca el nombre del invitado. Las entregas van a nombre del house manager. Los menús y los marcasitios se imprimen en casa, en la impresora de siempre, no en una imprenta del pueblo. El wifi de invitados es una red aparte. El libro de visitas solo sale si la secretaría ha dicho que sí.
La propia ficha del invitado merece cierto cuidado, porque a estas alturas contiene datos personales, y algunos son de los sensibles. El RGPD, el reglamento europeo de protección de datos, es estricto en esto. Todo lo que revela las creencias religiosas de una persona, y todo lo relativo a su salud, entra en las categorías especiales del artículo 9, y solo puede tratarse por motivos muy concretos; el más obvio, el consentimiento explícito. Mire una ficha de invitado corriente con eso en la cabeza. Pedir una comida halal dice cuál es la religión de alguien. Una alergia a los frutos secos es un dato de salud. Los suizos, en su Ley Federal de Protección de Datos (en vigor desde septiembre de 2023), guardan las opiniones religiosas y la salud en el mismo cajón de datos sensibles. Las dos leyes dejan fuera el uso puramente personal o doméstico, y una familia que apunta cuatro cosas sobre sus propios amigos entra de lleno ahí. Una casa en la que house managers y agencias guardan fichas de invitados ya es terreno más turbio, y preferimos no averiguar delante de un juez de qué lado cae, así que actuamos sin más como si las normas se aplicaran. Tampoco es una gran carga, la verdad. Pregunte solo lo que la visita necesita. Guárdelo todo en un mismo sitio. La dieta va a la cocina, no a todo el equipo, y lo que ya no hace falta se borra en cuanto está escrito el informe.
Los escoltas resultan ser invitados facilísimos en cuanto uno deja de tratarlos como personajes de una película de espías. Lo que quieren es una habitación cerca de la entrada, una llave o un código, la lista del personal, una comida caliente a la hora intempestiva a la que les toque comer y un sitio para el coche. Lo que llevan encima, y dónde se van a colocar, no es asunto suyo, así que no pregunte. Le dirán lo que necesita saber, ni una palabra más, y así quedan contentas las dos partes.
Restricciones alimentarias y práctica religiosa
En Italia, quienes escriben sobre etiqueta dejan esto claramente en manos del anfitrión. Elisa Motterle, por ejemplo, aconseja a quien invita preguntar, en el momento mismo de la invitación, si hay algo que el invitado no puede comer. Estamos de acuerdo con ella, con un añadido: pregunte por las restricciones alimentarias pronto, por escrito, y a la persona que de verdad va a comer, a través de su secretaría. Un «creo que no come carne» sacado de la memoria del anfitrión ha arruinado más cenas que cualquier chef. Para las alergias, nuestras cocinas trabajan con los 14 alérgenos de la UE, la lista del Reglamento 1169/2011 (cereales que contienen gluten, crustáceos, huevos, pescado, cacahuetes, soja, leche, frutos de cáscara, apio, mostaza, sésamo, sulfitos, altramuces y moluscos). Se escribió para restaurantes, no para casas particulares, pero todavía no hemos encontrado una lista mejor, y obliga a cualquier chef a leerse dos veces cada salsa y cada caldo. Y preguntamos sin rodeos lo grave que es la alergia. Una intolerancia y una reacción que acaba con un autoinyector de adrenalina están a kilómetros de distancia, y la cocina tiene que saber en qué extremo de ese camino se encuentra.
La práctica religiosa pide algo más que un menú, y ahí es donde se ve si una casa conoce de verdad su oficio. Nuestras cocinas y nuestras amas de llaves trabajan con la tabla de abajo, pero la secretaría del invitado siempre sabe más, así que tómela como un punto de partida y no como la última palabra.
| Práctica | Qué hace la casa |
|---|---|
| Halal | Nada de cerdo ni de alcohol, y eso incluye el chorrito de vino de la salsa y el licor del postre. La carne viene de una carnicería certificada; las ciudades grandes de Italia y Suiza las tienen, siempre que se encargue con tiempo. |
| Kosher | Para un invitado estrictamente observante, una cocina privada no se vuelve kosher en una semana, le digan lo que le digan. Encargamos comidas selladas a un catering certificado y las servimos tal como llegan, con los precintos intactos, si el invitado está de acuerdo. Si el invitado sigue una versión más flexible, su secretaría le dirá exactamente qué hace falta. |
| Invitados hinduistas y jainistas | Muchos invitados hinduistas no comen carne de vaca, y bastantes no comen carne en absoluto. Muchos jainistas evitan además la cebolla, el ajo, la patata y otras raíces. Pregunte; no adivine. |
| Ayuno | Durante el ramadán, un invitado musulmán observante no come ni bebe desde el alba hasta la puesta del sol, así que la cena se sirve en el minuto exacto en que termina el ayuno, con dátiles y agua esperando en la mesa. Algunos invitados católicos guardan los viernes y los ayunos de Cuaresma. Yom Kipur es un ayuno completo. |
| Oración | Una habitación tranquila y limpia, y la dirección de La Meca ya localizada antes de que nadie tenga que preguntar. |
| El shabat | Un invitado judío observante que pasa el shabat en la casa plantea preguntas que a nadie se le ocurren de antemano: las cerraduras eléctricas, las tarjetas de acceso, las luces con temporizador y si la sinagoga queda a una distancia que se pueda hacer a pie. |
| Saludos | Algunos invitados, por motivos religiosos, no dan la mano a personas del otro sexo. El personal espera a que sea el invitado quien la tienda primero. |
Una cosa más, pequeña y que se olvida a menudo. Tenga siempre en la bandeja del brindis una bebida sin alcohol que esté buena de verdad. Nadie debería tener que levantar una copa vacía.
El informe posterior a la visita
En los dos días siguientes a la salida, mientras todos recuerdan aún quién dijo qué, escribimos un informe breve para el anfitrión. Dos páginas como máximo, y la segunda suele ser la tabla. Es el documento que hace que la segunda visita sea más fácil que la primera.
| Apartado | Qué incluye |
|---|---|
| Plan y realidad | Dónde se apartó la visita del programa, y por qué |
| Lo que le gustó al invitado | Solo lo que se vio o se dijo, no lo que se supone: el plato que repitió, el paseo que pidió volver a dar |
| Incidencias | Lo que se rompió, se perdió o salió mal, y qué se hizo |
| La próxima vez | Cambios en habitaciones, horarios, menús, personal |
| Gastos | Lo gastado frente al presupuesto, horas extra del personal |
| Datos | Lo que conservamos en la ficha del invitado, con su consentimiento, y lo que hemos borrado |
| Agradecimientos | Quién del equipo merece unas palabras del anfitrión |
El informe va al House Book, en un apartado que solo pueden abrir el anfitrión y el house manager. Al año siguiente, cuando la misma secretaría escriba para una nueva fecha, la primera respuesta ya está archivada. Nada de esto es glamuroso. Es gestión de la casa de lo más corriente, y es buena parte de lo que hace de verdad un house manager a lo largo del día.
La mañana de la llegada la hemos reducido a una sola hoja: nuestra lista para la llegada de un invitado VIP, que se descarga gratis y se imprime para la sala del personal. El sistema completo, con las preguntas para la secretaría, la ficha del invitado, el guion de la reunión con el personal y la plantilla del informe, está en The Protocol Book. Y si prefiere dejar toda la visita en manos de alguien que ya ha organizado muchas, para eso está nuestra gestión de la casa, dirigida en persona por uno de nosotros.
Preguntas
¿Con cuánta antelación hay que preparar la visita de un invitado VIP?
Unas seis semanas para el fin de semana de un invitado con escolta, unas tres para una cena en la que nadie se queda a dormir. Primero se confirman por escrito la fecha y la duración de la estancia, y las preguntas salen hacia la secretaría del invitado cuatro semanas antes.
¿Qué hay que preguntar a la secretaría del invitado?
Cómo dirigirse al invitado y cómo se pronuncia su nombre, quién viaja con él, coches y horas de llegada, dieta y alergias con su gravedad, necesidades médicas, práctica religiosa, pequeñas preferencias y lo que debe quedar en privado. Todo en una sola lista, cuatro semanas antes de la visita.
¿Quién abre la puerta del coche cuando llega el invitado?
Si hay escolta, el escolta. El personal se queda atrás hasta que lo llamen, el anfitrión espera en la puerta y el equipaje entra por la puerta de servicio, directo a la habitación.
Escribimos el Journal a partir de nuestro propio trabajo en casas privadas de Italia y Suiza. Cada casa tiene sus reglas: tome lo que encaje con la suya y pregúntenos el resto.
Liorènne House
Podemos preparar la visita con su equipo y estar en la casa ese día, uno de nosotros en persona.
Fuentes
- Reglamento (UE) 2016/679, Reglamento General de Protección de Datos (artículos 2 y 9)
- Federal Act on Data Protection (FADP), SR 235.1 (artículos 2 y 5)
- Reglamento (UE) n.º 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor (anexo II)
- The Royal Household, Greeting a member of the Royal Family
- Departamento Federal de Asuntos Exteriores, Protocol Regulations of the Swiss Confederation (2026)
- Il Fatto Quotidiano, Elisa Motterle sobre cómo recibir, las dietas y las intolerancias (24 de diciembre de 2021)
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