La mayoría de las cenas en casa se tuercen hacia las siete de la tarde, y casi siempre por algo que se decidió tres semanas antes. Alguien invitó a una persona más de las que caben en la mesa. Nadie preguntó por alergias hasta que la sopa iba ya camino del comedor. O el menú pedía terminar tres cosas en el último momento, en una cocina donde dos personas no pueden cruzarse. Por eso, saber organizar una cena en casa es sobre todo cuestión de decidir las cosas pronto, mientras todavía es fácil, para que por la noche ya no quede nada por decidir. Este es el calendario que seguimos en las casas que cuidamos, desde la primera llamada hasta la mañana siguiente.
En resumen
- Lo primero, el número: ocho personas son una conversación, doce son dos o tres, y por encima de dieciséis hacen falta más manos en la cocina.
- Invite con tres semanas de antelación (seis para una cena grande o en agosto) y pregunte por las alergias con la invitación, no en la puerta.
- Plantee el menú al revés, desde la cocina: un plato frío o hecho con antelación, y solo uno que necesite atención de última hora.
- Calcule alrededor de media botella de vino por invitado, revise la bodega diez días antes y ponga de pie los tintos viejos el día anterior.
- A la mañana siguiente, ponga la cena por escrito: qué se sirvió, a quién y qué conviene cambiar.
Tres semanas antes: los invitados
Empiece por el número, que sin hacer ruido lo decide casi todo. Ocho personas a la mesa son una sola conversación. En una cena para 12 personas hay dos o tres, y está bien, siempre que lo haya previsto así. Por encima de dieciséis ya está montando un pequeño banquete, y la cocina va a necesitar una ayuda que ahora mismo no tiene. Antes de contar a los amigos, cuente las sillas que de verdad hacen juego.
Las invitaciones salen con tres semanas de antelación para la mayoría de las cenas, y con casi seis para una cena grande o para cualquier fecha de agosto, cuando medio Milán está en un barco. Para una cena en casa, una llamada o un mensaje son perfectamente correctos (deje las tarjetas impresas para las ocasiones que las merecen), y, sea cual sea el medio, pregunte por la comida en la misma conversación. «¿Hay algo que no comas?», preguntado tres semanas antes, es buena educación. Preguntado en la puerta, es una crisis.
Apunte las respuestas en una hoja aparte, separada de la lista de invitados y que solo vean quienes cocinan y sirven. Las alergias alimentarias y las dietas por motivos médicos no son asunto de nadie más, y no pintan nada en una lista que acaba olvidada en la mesa del recibidor. Nuestra lista de control son los catorce alérgenos de la normativa alimentaria europea (gluten, crustáceos, huevos, pescado, cacahuetes, soja, leche, frutos de cáscara, apio, mostaza, sésamo, dióxido de azufre y sulfitos, altramuces y moluscos), para que a una pregunta como «¿frutos secos?» nadie conteste nunca «creo que dijo que las nueces sí».
Diez días antes: el menú y el vino
El menú lo planteamos al revés: partimos de la cocina tal como estará esa noche, no del recetario. Cuente los fuegos, los pares de manos y los minutos que habrá entre plato y plato. Lo normal es que salga esto: un plato frío o terminado con antelación, otro que pueda esperar tranquilamente en el horno a baja temperatura, y solo uno que necesite toda la atención del cocinero en el momento de servir. Un menú con tres platos que hay que terminar al minuto es un menú que llegará tarde a la mesa.
Nunca estrene un plato esa misma noche. Si el chef quiere probar algo, la familia lo come a mediodía la semana anterior, una ventaja de la que nadie se ha quejado jamás.
Luego, el vino. Para calcular cuánto vino por persona hace falta, contamos con alrededor de media botella a lo largo de la noche, algo más en verano, y unas cuantas botellas de reserva, porque las buenas cenas siempre se alargan. Baje a la bodega diez días antes, no dos, y mire las botellas de verdad en lugar de fiarse del inventario. Los tintos viejos se ponen de pie el día anterior, para que el poso tenga tiempo de bajar. Si lo que le preocupa es la propia bodega, aquí le contamos cómo cuidamos una bodega en casa.
De la Academy
Montar y servir una cena formal, de cuatro a veinte invitados, con los cubiertos dibujados a escala.
Ver la guía: La mesa formalLa semana de la cena: el plano de mesa, el personal y la plata
Haga el plano de mesa dos o tres días antes, a lápiz. Las parejas suelen sentarse separadas, y en eso está la mitad de la gracia de salir a cenar. El invitado de honor se sienta a la derecha del anfitrión o de la anfitriona. Cuando hay un invitado oficial, la precedencia deja de ser cuestión de gusto, así que lea recibir a un invitado VIP en casa antes de ponerse a mover nombres. Después, los marcasitios, escritos a mano.
La plata sale dos días antes, nunca el mismo día. Lo que haya que limpiar se limpia entonces, con nuestro método para limpiar la plata, y vuelve a sus paños hasta que se pone la mesa.
El personal tiene su reunión el día anterior, todos a la vez y con todo por escrito. Quién está en la puerta y quién recoge los abrigos, quién sirve el vino y quién retira los platos, y qué coche va adónde cuando todo termine. Cinco minutos de pie en la cocina ahorran una noche entera de miradas de un extremo a otro del comedor. Si hay invitados que se quedan a dormir, sus habitaciones se preparan ese mismo día, según el estándar que describimos en cómo preparamos la habitación de invitados.
El día de la cena
10:00 Flores y últimas compras
Las flores, por la mañana, para que tengan tiempo de abrirse; el pescado y el pan, lo más tarde que permitan las tiendas. Las flores de la mesa van bajas, y nada con mucho perfume se acerca al comedor.
15:00 La mesa
La mesa se pone por la tarde, sin prisa, con una regla para medir cada cubierto y guantes para la plata. Explicamos todo el procedimiento, pieza a pieza, en cómo poner una mesa formal.
17:30 La hoja de servicio
La cocina y el comedor trabajan con una sola hoja: la hora a la que sale cada plato, quién lo sirve, qué vino lo acompaña y la señal para retirar. Por detrás, la hoja de las dietas, para que el plato del invitado que no puede tomar marisco sea el que llega al invitado que no puede tomar marisco. Parece evidente. Es justo el error que se comete cuando todo el mundo va con prisa y dos platos se parecen.
19:30 El aperitivo
Se cita a los invitados a las siete y media y se les sienta a la mesa hacia las ocho y cuarto. Tres cuartos de hora dan tiempo de sobra a que lleguen los rezagados, y no tanto como para que alguien vaya ya por la tercera copa de champán antes de la sopa. Algo pequeño para picar con las bebidas, y nada más: un invitado que se ha llenado de canapés es un invitado que devuelve el plato principal casi sin tocar.
20:15 La cena
En una cena formal en casa sigue valiendo la regla de siempre: servir por la izquierda del invitado y retirar los platos por la derecha, que es también por donde se sirve el vino. No se retira nada hasta que el último ha dejado el tenedor, y no llega nada nuevo hasta que la mesa vuelve a estar vacía. El ritmo lo marca quien come más despacio, nunca la cocina. Un buen mayordomo mira también al anfitrión: basta una mirada, y el siguiente plato sale, o no.
22:30 El café, en otra sala
Pasar a los invitados a otra sala para el café tiene dos ventajas. La gente cambia de interlocutor, y el personal puede recoger el comedor sin público. Los coches se llaman cuando los invitados lo piden, no antes. Nadie debería sentir nunca que la casa quiere que se vaya.
La mañana siguiente
Una casa bien llevada pone la cena por escrito mientras todos se acuerdan. Qué se sirvió, a quién y con qué vino. Qué invitado no probó el cordero, quién pidió la receta, qué haría distinto la cocina. Son diez minutos, y al año siguiente evitan que la casa sirva la misma lubina al mismo invitado por tercera vez. Las copas alquiladas se devuelven, la plata vuelve a sus paños y al personal se le cuenta lo que salió bien, que importa más de lo que parece.
Las notas de agradecimiento les tocan a los invitados. Aun así, unas líneas del anfitrión a quien se haya esmerado especialmente nunca están de más.
Los errores que más vemos al organizar una cena en casa
Un invitado de más para la mesa. Alergias descubiertas en la puerta. Un menú que solo funciona si el cocinero puede estar en tres sitios a la vez. Un aperitivo de hora y media mientras en la cocina ven cómo se seca el pescado. El invitado de honor sentado junto a la única persona a la que preferiría no ver. Y el más frecuente de todos: el anfitrión que se pasa la noche en la cocina, que es justo lo que toda esta planificación pretende evitar.
Hemos convertido este calendario en The Dinner Party Planner, un cuaderno para imprimir, pensado para cenas de ocho a veinte personas, con la lista de invitados, la hoja reservada de las dietas, la hoja de servicio, planos de mesa y un registro de lo que se sirvió a cada invitado. Si prefiere dejar la noche entera en nuestras manos, las cenas en casa forman parte de nuestra gestión de la casa. En cualquier caso, háblenos de la casa.
Preguntas
¿Con cuánta antelación hay que invitar a una cena en casa?
Unas tres semanas para la mayoría de las cenas en casa, y cerca de seis para una cena grande o en pleno verano. Para una cena informal, una llamada o un mensaje son perfectamente correctos; las tarjetas impresas quedan para las ocasiones que las merecen.
¿Cuánto vino hace falta para una cena?
Cuente con alrededor de media botella por invitado a lo largo de la noche, algo más en verano, y guarde unas cuantas botellas de reserva. Revise la bodega diez días antes, no dos.
¿Dónde se sienta el invitado de honor?
A la derecha del anfitrión o de la anfitriona. Las parejas suelen sentarse separadas. Con un invitado oficial, la precedencia sigue las normas del protocolo y no el gusto de cada uno.
¿Por qué lado se sirve y por cuál se retira?
En el servicio formal, la comida se sirve por la izquierda del invitado y los platos se retiran por la derecha; el vino se sirve por la derecha.
Escribimos el Journal a partir de nuestro propio trabajo en casas privadas de Italia y Suiza. Cada casa tiene sus reglas: tome lo que encaje con la suya y pregúntenos el resto.
Liorènne House
Gestionamos la casa, y con ella la mesa: una sola persona responsable, rutinas escritas en el House Book, cenas planificadas con su equipo.
Fuentes
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